Tan pequeña que ni la noto

mucho ego, pero es la realidad

Desde que volví a entrenar, me he vuelto más minimalista que nunca.
Y no por moda, sino porque me di cuenta de algo simple: más no es mejor si no puedes mantenerlo en el tiempo.

Antes era un loco del entrenamiento.
Ahora hago 2 sesiones de fuerza a la semana, con suerte 3, y lucho por no fustigarme por ello.

Mis entrenos son cortos, de cuerpo completo y raramente pasan de los 60 minutos.
Suelen coincidir con los días en los que concentro mis entrenamientos personales, así que aprovecho que estoy todo el día fuera.
Entre estar de pie, moverme y atender a mis clientes, cuando llega mi turno... no me apetece estar 2 horas dándole al hierro.

Tener una rutina simple, corta y directa es lo que me permite mantener la constancia.
Porque cuando tengo un hueco, voy, entreno y no lo pienso demasiado.

Y hay algo que he mantenido muy firme desde que volví:

no subir más de un 1-3% del peso total en los ejercicios.

Esa regla, tan tonta y tan sencilla, me ha permitido mejorar sesión a sesión — especialmente en los ejercicios más pesados.
Y lo curioso es que, si no llevara mi propio control, ni me daría cuenta de que estoy progresando.

Hasta que un día me encontré sonriendo solo y pensé:

Es tan pequeña que ni la noto.
¿El qué?
La subida de peso.

Y ahí está el punto.
Ese es el objetivo.

Con las microcargas lo ideal es que no notes apenas el aumento.
Que no comprometa tu técnica. Que no te robe repeticiones.
O como mucho, una o dos.

Cuando de verdad entiendes esto —cuando lo interiorizas—
tu entrenamiento, y por lo tanto tu físico, se van a otro nivel.

Sé que soy pesado con esto, pero si de verdad quieres mejorar, quizás lo que te falta no son más series, ni más días, ni más suplementos.
Sino alguien que te ayude a entrenar mejor, no más.

Así que si llevas tiempo dándole vueltas…
¿a qué esperas para invertir en eso?
De verdad, será una de las mejores decisiones que tomes.